
ENERGÍAS RENOVABLES
La matriz energética colombiana sigue siendo predominantemente limpia (hidroeléctricas), pero el cambio climático puede afectar la dimensión de seguridad energética del índice. Colombia es uno de los 50 países más expuestos al cambio climático, y los eventos climáticos extremos se han duplicado en los últimos 40 años (OCDE, 2022a). Por esto, un país que produce la mayor parte de su energía con hidroeléctricas es altamente vulnerable a los periodos prolongados de sequía (fenómeno de El Niño), que cada vez son más frecuentes. Además, el acceso a la energía eléctrica sigue siendo muy desigual, mientras la zona Andina tiene altas tasas de cobertura, la periferia del país —Orinoquía-Amazonía, Pacífico y La Guajira— tiene coberturas bajas.
El acceso a energía eléctrica es alto, pero no universal. Aunque el 52 % del territorio nacional no está conectado a la red nacional, el 94,92 % de la población accede al servicio de energía, según el Plan Indicativo de Expansión de Cobertura (UPME, 2023).
Esto se debe a los procesos demográficos y sociohistóricos de poblamiento que ha vivido Colombia, donde las principales ciudades que se ubican en las zonas Andina y Caribe del país, aunadas a los múltiples periodos de violencia que ha experimentado el país a lo largo de los siglos XX y XXI han producido desplazamiento de la población desde las zonas rurales hacia las urbanas. Así, más del 82 % de la población en Colombia vive en zonas urbanas, 25 p. p. por encima del porcentaje de población urbana en el mundo. La transición energética justa en Colombia se fundamenta en la equidad, la gradualidad, la soberanía, la confiabilidad, la participación social vinculante y el conocimiento. Así, se espera avanzar hacia un modelo energético sostenible que garantice el bienestar de la sociedad, sin comprometer los recursos naturales y promoviendo la inclusión de todos los sectores. Colombia apuesta por la transición energética justa enmarcada en políticas socioambientales más grandes como el Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El país se comprometió con reducir el 51 % de sus emisiones para 2030 y ser carbono neutral para 2050, lo que implica para el sector energético reducir la participación del 30 % de los combustibles fósiles (gas y carbón) en la producción de energía, y compensar esta reducción con un aumento de las energías renovables no convencionales.
El potencial de las energías renovables no convencionales en Colombia está demostrado, y le brinda la posibilidad al país de cumplir sus objetivos y resolver su trilema energético, es decir, mantener una matriz de generación limpia, al tiempo que la diversificación de fuentes fortalece la seguridad energética en general, y frente al cambio climático en particular. También ha de considerarse la creación de redes locales de ERNC en las zonas no interconectadas, acción que permitiría al país alcanzar una cobertura universal en el servicio de energía eléctrica.